Siempre me enorgullezco de mi memoria porque suelo recordar
cosas que la gran mayoría olvida. Me pasa con anécdotas de amigos, familia,
cosas del colegio, la universidad y obviamente con el fútbol. Hace varios días
intento acordarme de algún jugador que se haya parecido al que nos dio el
triunfo el último fin de semana y empiezo a creer que no es culpa de mi memoria
no tener a alguno en mi cabeza. Jugadores como Christofer Gonzales, en
Universitario, no recuerdo.
No digo esto con afán de agrandar al jugador, decir que es
un crack o creer que será ídolo del club. Lo digo porque creo que encierra cierta
cantidad de características que no he visto en un solo jugador en el equipo.
Desde hace varios años, cuando disputaba los encuentros por la Copa Federación,
veías a un chico con una visión y un juego totalmente distinto al del resto.
Christofer era pausado cuando tenía que serlo, dinámico cuando la acción lo
requería y lujoso cuando podía. Un metrónomo en la cancha que acomoda el equipo
a su antojo y lo potencia con su juego. Lo mismo que hacía en las canchas de
VIDU con Samuel Eugenio en el banco y algunas pocas decenas de familiares en
tribuna, lo practicó ante César Vallejo en el Estadio Monumental con miles de
personas presentes.
Con 20 años encima, Gonzales no le tiene miedo a asumir la
responsabilidad de conducir al equipo. Pide constantemente el balón,
mostrándose en línea de pase como una posibilidad en el armado de juego.
Además, produce mucho en el campo: aporta con asistencias, rompe líneas cuando
es necesario y pone la pausa en el momento justo. El último fin de semana nos
regaló el gol del triunfo, pero también dos o tres asistencias impecables que
debieron terminar en gol. De seguir así, pronto se podría convertir en una de
las figuras del equipo. Fútbol le sobra.

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